La vida me ha llevado a esto, pero ¿por qué a mi?, creo que éste es un mundo complejo muy difícil de entender, en el cual estoy pasando por una situación extremadamente complicada donde no se como actuar ni como pensar. Ayer tenía a mi lado eso tan fuerte que me hacia sentir bien, eso que me ayudaba cuando tenía problemas o me animaba cuando estaba deprimida, eso que hoy ya no tengo, pero me ha dejado algo, algo muy importante, lo más importante de mi vida, una hija, que para mi lo es todo. Cuando me dice -"mamá"- siento dentro de mi una cosquillita muy rápida, cada vez que escucho esa palabra mágica me preparo al instante para entrar en acción, porque sé que necesita de mi. Es mucho lo que se puede expresar con esas cuatro letras, la palabra -mamá- significa demasiado. -"Mamá...mamá"- los sonidos me despiertan muy rápido y me sacan del sueño, a Federica (mi hija) se le había caído su manta y tenía frío, y ahí estoy yo siempre atenta a su llamado, luego vuelvo a mi cuarto con los ojos cerrados porque ya conozco el camino a la perfección de tantas veces que lo recorro. ¡Mamá! la palabra me parte el corazón aun al alejarme después de dejarla en el mejor jardín de todo el pueblo. Y una vez en mi trabajo llamo al jardín con la esperanza de oír aunque sea un pequeño grito de ella. El diccionario define -mamá- como -madre- pero a través de los años Federica me ha demostrado y expresado muchísimas cosas más que eso. Cuando a los cuatro años, Federica grita "-mamá-", sé que se abrocho mal la blusa o que no puede atar sus championes. A los siete años ya suelta un susurro "-mammaaá-" con tono acusador es porque no encuentra la pareja de su media. Pero al pasar los años su tono va cambiando, a los trece años Federica ya clama "-mamá-" con impaciencia. Una mañana cuando se le ha hecho tarde para ir al colegio, su grito significa _" necesito que me planches la camisa-".
Federica tiene dieciocho años y ya casi nunca toca a la puerta de mi cuarto en la mañana pero aun percibo que su voz es indefensa; ella tiene problemas, pero yo también tengo mis propios problemas. Soy responsable de mi hija y de mi misma, estoy cansada, exhausta, y tengo miedo de cometer una locura,...matarme.
Hablo con mis amigas y me comprenden, hablo con mi hermano y me da consejos, pero necesito más que eso, lo necesito todo, por eso decido marcar un número de teléfono al que alguna vez llame para volver a recuperar las fuerzas, las ganas de vivir y de seguir en pie. El teléfono suena...
-" Sí, ¿quién habla?"- contesta una voz suave y apagada.
- " ¿MAMÁ? "- digo.
- " ¡Ah, eres tu cariño! ¿Estás bien? "- pregunta mi madre.
Esas palabras son precisamente las que deseaba oír...
¿Qué hacer? No voy a sentarme a su lado a llorar o a lamentarme por ver cómo son las cosas o pensar que sería todo mejor si se hubiera actuado distinto, ¡porque es ella, no yo! Porque es su vida y no la mía. La mía está acá, esperando ser vivida…